Amado Mesías Yheshúa:
Despeja tu alma · Clínica del Alma León de Judá
Encuentro 1 de 7
Siete encuentros para comenzar a recuperar la paz.
Regálate veinte minutos. Apaga el ruido. Responde siete preguntas. Y comienza a despejar tu alma.
Quizá llegaste hasta aquí porque algo dentro de ti está cansado. Tal vez nadie lo sabe. Tal vez exteriormente continúas trabajando, estudiando, atendiendo a tu familia, cumpliendo tus responsabilidades y sonriendo. Pero dentro de ti existe algo que necesita detenerse.
O simplemente una sensación difícil de explicar: «necesito encontrar paz».
Esta experiencia no pretende diagnosticarte, ni sustituir la atención médica, psicológica o pastoral que puedas necesitar. Es una invitación a detenerte. A mirar hacia dentro. A reconocer aquello que pesa sobre tu alma. Y, desde la fe cristiana, llevarlo delante del Mesías Redentor Yheshúa.
No necesitas resolver toda tu vida hoy.
Solamente necesitas tener el valor de comenzar.
Lo que escribas no se envía a ningún servidor ni se guarda en ningún lugar: vive solo en esta página mientras la recorres y desaparece al cerrarla o recargarla. Si quieres conservar tu carta, imprímela al final.
El Mesías te pregunta:
¿Qué continúas llevando sobre tus hombros que Yo nunca te pedí cargar?
Detente. No intentes justificarte. No intentes esconderlo.
Coloca tus manos abiertas y completa la oración tocando las palabras:
Amado Mesías Redentor Yheshúa, reconozco esta carga. No quiero seguir llevándola . La pongo delante de . Enséñame qué debo hacer con ella.
Permanece unos instantes en silencio. No necesitas producir una emoción. Simplemente permanece.
Lo que reconoces delante de la deja de estar escondido en la .
No te preguntes solamente: «¿Qué me ocurrió?»
¿Qué sufrimiento continúa decidiendo por mí?
El dolor puede convertirse en un consejero silencioso.
Amado Mesías Redentor mío, no quiero que mi herida continúe gobernando mi vida. No puedo cambiar mi historia, pero te entrego la manera en que esa historia continúa influyendo en mí. Enséñame a vivir desde Tu verdad y no desde mi herida.
Cuando aparezca nuevamente esa reacción dolorosa, no responderé inmediatamente. Me . Respiraré. Recordaré al Mesías. Y mi respuesta.
Tu historia forma parte de ti, pero no tiene que tu futuro.
El temor no siempre se presenta diciendo: «Tengo miedo». A veces dice:
La prudencia verdadera evalúa. El temor, en cambio, muchas veces evita.
La prudencia me ayuda a con serenidad y actuar responsablemente. El temor me , exagera el riesgo y termina gobernando mis decisiones.
No todo miedo significa que debas avanzar. Pero tampoco todo miedo significa que debas detenerte. Por eso no decidas solamente desde la emoción. Permanece en el Mesías. Busca la verdad. Ora. Evalúa. Y actúa conforme a lo que es correcto.
Amado Señor Yheshúa, enséñame a distinguir entre prudencia y temor. No permitas que mi miedo se disfrace de sabiduría y gobierne mi vida. Dame discernimiento para reconocer la verdad y valor para obedecerla.
La prudencia te ayuda a caminar con . El temor no debe convertirse en tu .
Algunas mentiras se repiten durante tantos años que terminamos creyendo que son nuestra identidad. Quizá has llegado a pensar:
Detente frente a una de esas frases.
No sustituyas una mentira simplemente por una frase positiva. Llévala a la verdad de Dios. Busca en las Escrituras aquello que contradice esa mentira. Léelo. Escríbelo. Medítalo. Practícalo.
Cuando esa mentira vuelva a aparecer, no la aceptaré como verdad. Me y preguntaré: «¿Esto es verdad delante del Padre?».
Amado Padre Celestial, ilumina aquello que he creído falsamente acerca de mí y acerca de Ti. Que Tu verdad ocupe el lugar que durante tanto tiempo ocupó la mentira. Renueva mi mente y enséñame a vivir desde Tu verdad.
La verdad no tu identidad. La .
No mires solamente aquello que haces. Observa aquello que ocurre dentro de ti.
Escribe con absoluta honestidad.
Ahora da un paso fundamental: deja de justificarla. Reconocer no significa condenarte. Significa dejar de esconder aquello que necesita ser transformado.
Me detendré. Reconoceré lo que está ocurriendo. No mi deseo. Hablaré con el Mesías. Elegiré una respuesta . Si caigo, confesaré y volveré inmediatamente a Él.
Precioso Señor Yheshúa, muéstrame aquello que continúa gobernándome. No quiero justificarlo ni esconderlo. Enséñame a reconocerlo antes de obedecerlo. Que cada decisión de obediencia debilite su dominio y forme en mí Tu carácter.
Lo que se reconoce delante de la luz comienza a su dominio.
El Mesías no quiere solamente una parte de tu vida. Quiere caminar contigo en toda ella.
Amado Señor Yheshúa, te entrego aquello que todavía intento . No quiero caminar de Ti. Enséñame a permanecer en Ti en cada área de mi vida.
Permanece unos instantes en silencio.
Aquello que escondes continúa gobernándote desde la . Aquello que traes a la comienza a recibir la verdad.
Ahora llega la pregunta decisiva. No es «¿puedes resolverlo todo?». Tampoco «¿puedes cambiar completamente mañana?».
¿Estás dispuesto a permanecer en Mí?
Porque la restauración no consiste en un momento . Es un . No necesitas conquistar toda tu vida en un día. Necesitas aprender a regresar al Mesías en cada momento.
Cuando aparezca el temor: . Cuando llegue el dolor: . Cuando caigas: . Cuando todo parezca salir bien: .
Amado Mesías Yheshúa:
Hoy me detuve. Por primera vez en mucho tiempo dejé de correr y miré hacia dentro.
Reconocí cargas. Recordé dolores. Vi temores. Descubrí mentiras. Identifiqué esclavitudes. Y encontré lugares de mi corazón que todavía no te había entregado.
No quiero esconderlos. No quiero seguir justificándolos. No quiero continuar viviendo gobernado por aquello que me roba la paz.
Te los entrego. No sé resolverlo todo. Pero quiero comenzar. Enséñame a permanecer en Ti.
Cuando mi mente se llene de pensamientos, recuérdame Tu verdad. Cuando mi corazón tenga miedo, enséñame a confiar. Cuando el dolor quiera gobernarme, enséñame a llevarlo a Tu presencia. Cuando la tentación aparezca, dame fuerzas para obedecer. Cuando caiga, enséñame a volver. Cuando tenga que elegir, enséñame a elegir aquello que expresa Tu carácter.
No quiero solamente conocer acerca de Ti. Quiero aprender a caminar contigo. Quiero que Tu Espíritu transforme mi manera de pensar, sentir, decidir y vivir.
Lleva conmigo aquello que no puedo llevar solo. Ilumina aquello que todavía no puedo ver. Sana aquello que necesita ser restaurado. Y forma en mí Tu carácter.
Hoy no prometo que nunca volveré a caer. Te prometo algo más sencillo: quiero aprender a permanecer en Ti.
Amén.
Estas son tus propias palabras, recogidas de los siete encuentros. Léela despacio. Si quieres, imprímela o guárdala: es tuya.
Despeja tu alma · Clínica del Alma León de Judá
Si alguna de estas siete experiencias tocó una parte de tu vida, no la ignores. No cierres simplemente esta página y continúes con el día. Detente. Vuelve a la pregunta que más te confrontó. Escríbela. Ora sobre ella. Busca la verdad de Dios. Y comienza a practicar una nueva respuesta.
Porque reconocer es solamente el comienzo. La restauración requiere caminar.
Tratado Clínico de Sanidad del Alma
Una obra concebida como un camino de reconocimiento, entrega, restauración y crecimiento espiritual. En sus páginas encontrarás un recorrido mucho más profundo por las cargas, heridas, temores, mentiras, hábitos, esclavitudes y deformaciones que pueden afectar el alma.
Permanece en el Mesías
Conocer el TratadoTus respuestas no quedan guardadas en ningún lugar: al cerrar o recargar esta página desaparecen. Puedes volver a recorrerla cuando quieras.